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EL SEÑOR TOVAR

Aurora Viscarra de Navarre

El año 1895, vivía en Oruro un señor de apellido Tovar, hombre de muchas campanillas por su fortuna; avaro, como rico. Casas lujosas; salones provistos de vitrinas regias, ele-gante comedor engalanado con vajilla en profusión de porcelana Sevres, elegante dormitorio; aunque célibe, todo en perfecto orden y limpieza por haber acostumbrado a sus servidores a que así fuera.
Su avaricia hacía que todos los ignaros a quienes tocaba servirlo, lo temieran como al mismísimo Satanás. Se mane-jaba con el mayor cuidado. Lo más natural era, encontrarse con alguno de éstos cruzando de una pieza a otra, llevando entre sus manos como una patena, una insignificante tacita u otro objeto delicado, sabía que si la rompía, debía pagarla. El señor Tovar, cuidadosamente había catalogado a una taza rota; con un cerdo o una gallina; taza y platillo, con dos; un plato sopero o plano, etc., etc. Una lista larga, clavada sobre su velador, se destacaba a la vista para que no confundieran el orden establecido.
En cierta ocasión, este señor cayó enfermo con algo que se lo llevaba a la tumba: tuvo que recurrir sin más trámites a la atención de un médico. Puso en sus bolsillos un boliviano para pagar la consulta esperanzado de que por ser amigo es-taba obligado a cobrarle menos.
El estado del señor Tovar, dejaba que desear mucho; anemia profunda, primera prescripción médica aquel vino de Peptona conocido hasta nuestros días por sus excelentes cualidades para el caso. El galeno recomendóle tomar después de cada comida. Tovar salió satisfecho del consultorio, había logrado alguna rebaja. Compró el vino, por aquellos tiempos venturosos sólo costaba un boliviano y veinte centavos.
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"Y DESCENDIÓ A LOS INFIERNOS…" (CUENTO)

Por: Juan Manuel Fajardo /Publicado en el periódico La Patria de Oruro el 17 de Octubre de 2010.


Pasan alrededor de su cuello un alambre. Le han colocado de espaldas a una columna, y por detrás de su cabeza comienzan a ahorcarle. El hombre, un joven hombre, se retuerce, le falta el aire, siente que se le sube el estómago a la garganta y no puede respirar, patalea, alguien trata de sujetarle, otro comienza a golpearle con un fierro, en sus rodillas, en su pecho, en el estómago. Finalmente se le ha ido la vida, entre las piernas le chorrea un líquido amarillento con fuerte olor a descompuesto. Antiquísimos instintos en sus ejecutores, verdugos de los años setenta, la Edad Media del siglo XX, agentes que andaban como perros sin dueño, sin empleo fijo desde la última dictadura, formados en la escuela del asesinato político, han sido despertados y actuado. Ha caído la noche.
Una caravana de hombres y mujeres con aguayos atados a la espalda caminan, entre ellos ancianos y niños. En una pequeña plaza se reúnen, algunos se sientan en los bancos, otros en el suelo. Ojos almendrados, caras cetrinas, adoloridos, cansados, agotados, están asustados; de improvisto un tropel de jóvenes con el pelo corto y sus nucas rasuradas se lanzan sobre ellos y los apalean. Las hebillas de cinturones relampaguean y castigan sin piedad, los bates de fierro caen, saltan los sesos de la cabeza de un viejo destrozada, los agresores con los dedos, y entre risas se pintan con su sangre la cara, se "satinan". El cuadro cambia, se van vociferando, gritando insultos. 
Tengo hambre, estoy fatigado, he caminado las calles de la ciudad, las que me parecen más amplias que de costumbre. Miro al cielo y veo las estrellas en un planetario, todas ordenadas y en el mismo lugar, como todas las noches. Me encuentro en un colapso de aturdimiento y de insensibilidad, me duele mucho el cuello, parece hinchado, no puedo cerrar los ojos, ni siquiera parpadear. Entro a un templo, las campanas tañen a muerte, siento temor, no sé a qué. Por mi mente pasa como destellos mi casa, mis padres, mis hermanos, mi madre principalmente mi madre, envuelta en una nube luminosa. El cura dice misa, repite mi nombre; con voz clara y monótona comienza a rezar, ¡y descendió a los infiernos!, ¡al tercer día resucitó de entre los muertos!, ¡subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios padre…!.
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LEYENDA DEL ORIGEN DEL SAJAMA



Por: Antonio Paredes Candía / www.educa.com.bo
El viajero que cruza la sabana desértica, silenciosa, desnuda de vegetación y observa al soledoso titán de forma cónica, que se yergue en medio de una ventisca helada, meditativo se pregunta:
— Qué hace coloso tan impresionante al centro de este inhóspito paisaje?
— Así existirá hasta el fin de los siglos por castigo de Wiracocha, dios de dioses; él lo ha mandado y su mandato es eterno...
Fueron lapsos cíclicos que vivía entonces el universo, en los que el hombre, estupefacto observaba que los dioses lidiaran en el cielo, o metamorfoseando en monstruosas montañas se asentaran sobre la tierra.
La leyenda señala a tres titanes, hijos de Wiracocha, de protagonistas en la gesta: Illimani, el resplandeciente; Mururata, el descabezado y Sajama, el solitario.
Un día inmémore, el joven Mururata, queriendo emular la gallardía, el vigor, la valentía del sereno Illimani, quien para Wiracocha, era su hijo predilecto, le desafió con un alarido que repercutió en el infinito, quebrando montes, provocando cataclismo y formando simas tan profundas que aún el mismo dios del viento, no se atrevía a ingresar.
Illimani, titán entre los titanes, al escuchar el reto lo re-chazó, con gesto irónico.
El joven Mururata, jactancioso gritó al universo que Illimani era un pusilánime, un cobarde, echándole en cara que ocupaba inmerecidamente el sitio de los titanes que formaban la comunidad de los Antis.
Illimani trató de ser persuasivo, pero más fuerte era la euforia de Mururata que aguijoneada por la envidia y sin mayores dilaciones se dispuso a la lucha.
Wiracocha que observaba la escena, llamó a Illimani y entregándole un proyectil áureo, le recomendó:
— Arma tu honda con este proyectil, mi amable hijo Illimani, y arroja a la cabeza de Mururata. Pero hazlo pronto, antes que la luz de nuestro padre Inti se haga en la tierra.
Y cuando el joven Mururata se desesperaba para iniciar el combate, sintió venir un proyectil tan inmenso y vertiginoso que no le dio tiempo para hacerse a un lado. El impacto lo recibió en pleno rostro y como si se desgajara una parte del mundo, voló su cabeza hacia lejanas tierras, mientras una voz como huracán enfurecido, le gritaba:
— ¡Sarjam!... ¡Sarjamü!... que en lengua aimará quiere decir ¡¡Ándate!!... ¡¡Ándate!!!...
Este es el origen de ese cerro inmenso,   elevado, que hoy conocemos con el nombre de Sajama.


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LA LEYENDA DE LA VIRGEN DEL SOCAVÓN



Desde el año 1789 se tiene evidencia de la existencia de un cuadro, de mérito artístico, representando a la Virgen pintada sobre un muro que circundaba un solar abandonado en los extramuros de la ciudad de Oruro, contiguo a las colinas denominadas Pie de Gallo y Tetilla, que en la época eran asientos mineros de gran riqueza. También queda desde entonces el recuerdo de un milagro.

Por aquellos años vivía en Oruro el bandido de nombre Nina Nina (según otros, Chiru-Chiru), a quien se adjudican muchos robos memorables, recordados en cuentos de tradición oral personificados por un asaltante que repartía el botín entre los más necesitados. A cambio el Nina Nina recibía refugio y alimento en los momentos de mayor persecución.
El éxito frente a las autoridades, motivó que comenzará una vida paralela que tuvo su momento más álgido en el amor por Lorenza, hija del acreditado comerciante orureño Sebastián Chuquiamo, dueño del gran almacén del populoso barrio Conchu-Páhta, se dispuso a cambiar de vida. Enterado el padre de la verdadera identidad del pretendiente, prohibió la boda entre su hija y Nina Nina.

Pero la tarde de sábado de carnaval, el Nina Nina visitó el almacén y habló a solas con Lorenza, quien desoyendo la orden del padre, aceptó escapar con el bandido. Cuando estaban a punto de abandonar la ciudad, el padre, que regresaba presuroso al negocio, los interceptó en plena calle. La hija enmudeció. Todo estaba claro. Y ambos varones comenzaron a enfrentarse a cuchillo. La lucha fue tenaz. La lucha fue a muerte. Un golpe seco, un grito y el olor de la sangre anunciaron el final. Poco después una elegante mujer vestida de negro golpeaba la puerta del Hospital de Oruro. Hacía grandes esfuerzos para sostener en pie a Nina Nina y, una vez adentro, pagó por la mejor habitación y las atenciones más esmeradas. La dama murmuró unas palabras al oído del herido y desapareció de la manera misteriosa como había aparecido a las puertas del Hospital.


El moribundo declaró al padre Carlos Borroneo Mantilla que una vez herido invocó el socorro de la virgen de la Candelaria, imagen que veneraba hacía años en una cueva de Ziquizamí y donde cada sábado encendía una vela a los pies de la imagen.

Varios testigos reconocieron la fisonomía y ropa de la virgen en la mujer vestida de negro, dándose paso así a la concepción del hecho milagroso que atrajo a miles de creyentes que acudían a diario al refugio de Nina Nina, convertida en modesta capilla.


El templo-santuario fue construido en 1891 y sufrió innumerables modificaciones y arreglos. Sus puertas tienen la siguiente inscripción:



"Tu que gimes en una vida de crimen,

Sin embargo, puedes salvarte,
Ven y prostérnate a los pies de la Virgen
A llorar tus pecados..."
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EL CHIRU CHIRU Y EL NINA NINA NOS DAN A CONOCER A SU PROTECTORA, LA VIRGEN DEL SOCAVÓN

Representación del Chiru Chiru y la Virgen del Socavón, imágenes que se encuentran al interior del museo del Santuario del Socavón
Por: Patricia Barriga Flores – Periodista / Este articulo apareció publicada en el periódico La Patria de Oruro el 5 de marzo de 2011

Existen dos versiones para el culto y devoción a la Virgen del Socavón, las que encierran a dos personajes bastante singulares, el Chiru Chiru, un ladronzuelo amigo de los pobres y enemigo de los ricos; y el Nina Nina, que es más un personaje envuelto en una trama romántica.
Sin embargo, ambos llevan a los orureños a conocer a la Virgen del Socavón, convirtiéndose en la protectora de los mineros y todos los que habitan esta alta tierra de los Urus.

Es así que rescatando los relatos de José Víctor Zaconeta, pudimos conocer la historia del Chiru Chiru.

Y el relato comienza así: Esa bellísima imagen morena, advocación de la Candelaria, que cuando el triste pecador la mira, enmudece el alma y conmovido cae de hinojos en la capilla del Socavón de la ciudad de Oruro. Esa bellísima imagen tiene una novelesca tradición que aún el tiempo no ha desvaído. Está vigente en el recuerdo lugareño.

Su apodo: el Chiru Chiru, y pese a su apariencia de pordiosero sin suerte, era no más un tipejo simpático que no caía mal a los ojos de los hospitalarios orureños. Para Chiru Chiru ir de mano armada significaba su faena cotidiana, pues como hombre de hígados bien puestos poco le importaba caminar con la capa en el hombro, que los bienes temporales los disfrutaba con la misma facilidad que los obtenía.
Era un señor teatrero que planificada tenía su existencia. De día caminaba con aires tan sensatos como los de un Abad, y de noche armaba jaleo robando en el Norte a los descuidados para pignorar en el Sur los frutos de sus malandanzas; y lo que hacía hoy día en Norte y Sur, mañana repetía en Este y Oeste. ¡Incansable laboreo! Emulaba a los gatos que sólo en la oscuridad muestran las uñas.
Este ladronzuelo de siete suelas lo tenía todo, no le faltaba ni sarna que rascar; con decirles que la madre del Salvador le otorgaba el privilegio de ampararle; eso sí, con una condición, que desvalijara sólo a los ricos y que parte del botín repartiera entre los pobres. Chiru Chiru cumplía adpedem literare los caprichos de la divina madre.
Nace toda criatura, según se dice con su ventura y Chiru Chiru no era quien se atreviese a dar vuelta la hoja de su destino. Un día algo le picó en la oreja y desoyendo los consejos de su protectora se le metió entre pecho y espalda despojar a quien no debía de lo único que atesoraba en vida; su tesoro puede llamarse a una petaca con algunas ropillas domingueras. Magro era el botín, pero no las obsesivas intenciones del ladronzuelo. Y pese a la reprimenda de Nuestra Señora y a la amenaza de revocar su amparo, Chiru Chiru no quiso volver la chaqueta y decidió ingresar en la casa. Pero ignoraba su cartilla que la víctima era hombre de pelo en pecho y que por defender a los suyos y su hacienda, podía nomás dar la cara a quien osara depredarla, así fuera el ángel de las tinieblas.
Además aquel hombre tenía el sueño tan ligero como el de una liebre. Esa noche, escuchando ruidos sospechosos en su morada, barruntó que algo torcido sucedía: armó su diestra con una daga y portando en la otra una palmatoria, ingresó de sopetón a la habitación contigua, sorprendiendo a Chiru Chiru, en la indudable faena de despojarle de lo poco que guardaba. Chiru Chiru quiso hurtar el cuerpo huyendo por un ventanuco, pero se interpuso el hombre y sin darle tiempo a decir ¡Tate, tate, caballero! Le asestó una puñalada.
Dizque así sangrante, Chiru Chiru tomó las de Villadiego rumbo a su ladronera. Caminaba moribundo en el silencia de las calles orureñas, y al cruzar la altura de Conchupata se la apareció una compasiva dama, de rutilante porte y afables maneras, que sostenía un niño; le ofreció el brazo y el pícaro malherido apoyado en el inesperado lazarillo, se hundió en la oscuridad de la noche altiplánica.
Al cabo de algunos días, vecinos del arrabal minero, cayeron en cuenta que no veían trajinar al popular amigo de los pobres y la puerta del zaquizamí permanecía entreabierta. Ingresaron a ella, descubriendo el cuerpo muerto de Chiru Chiru sobre un jergón astroso, mientras un cabo de vela parpadeaba alumbrando tenuemente la bella imagen de la Candelaria, casi en tamaño natural pintada en el muero de la cabecera del ladronzuelo.
El extraordinario suceso impactó en los presentes que exclamaron: ¡Milagro! Y desde entonces la mina argentífera de Pie de Gallo cambió su nombre el de Socavón de la Virgen.
¿Fue la madre del Salvador que atendió los postreros momentos de Chiru Chiru? Por lo menos así aseveran las añejerías orureñas.



NINA NINA



En cuanto a lo que se cuenta del Nina Nina, es Emeterio Villarroel el que rescata esta versión, de un manuscrito llamado Folletín Candelizas de la Milagrosa Virgen del Socavón. Este relato encierra algunas fechas y nombres de los personajes que le dan el carácter de historia.

El sábado de carnaval del año de gracia de 1789, medía tranquilamente su acompasado andar en la vereda norte de la calle Andalucía hoy Junín, de la famosa Villa de San Felipe de Austria, un hombre de mediana estatura y con el aspecto exterior de un honrado artesano.

Escondía sus facciones entre los gruesos pliegues de un confortable abrigo y avanzaba sereno su camino, absorto en apariencia en alguna meditación.
Al llegar a la esquina que era de la Cruz Verde (calle Junín) miró con cierto recelo hacia la Casa de Gobierno (Aduana Nacional) abrigó cuidadosamente su cara con su poncho, caló el sombrero, requirió en su seno objeto largo y blanco y apresuró sus pasos con dirección al "Pie de Gallo".
La parte más extensa de la que en aquel entonces era ya famosa Villa de San Felipe de Austria por sus inmensas riquezas minerales, se extendía en las mismas faldas de los cerros "Pie de Gallo" y "Tetilla". Nuestro hombre avanzaba a aquella parte esquivando en lo posible las escazas luces que se proyectaban en la calle.
Después de atravesar varias callejuelas y evitando todo encuentro, llegó a una tapia de mediana elevación.
Agazapado en un ángulo del estrecho reciento que encerraba aquella tapia, Anselmo Belarmino, que así se llamaba nuestro héroe, hizo luz en su yesquero y encendiendo una vela que llevaba escondida en el seno, la colocó en un candelero de barro.
Momentos después podía contemplársele arrodillado, orando fervorosamente ante la imagen de una Virgen de Candelaria, pintada con notables rasgos y coloridos artísticos en la pared de aquel solar abandonado y casi destruido.
Ciertos informes y extraños antecedentes que recientemente llegó a conocer el comerciante Sebastián Choquiamo, de mediana fortuna obligaron a éste, pocos días antes del carnaval, a despedir de su casa y desahuciar rotundamente las pretensiones de matrimonio que había manifestado un novio de su hermosa hija, la india Lorenza Choquiamo.
La noche del día sábado que ya llevamos indicado, Sebastián estaba ausente de su casa y Lorenza despachaba casi automáticamente en la tienda de sus padres, situada en el barrido de Conchupata.
Con todo el tono de es seminobleza de la época de nuestro coloniaje y apoyado airosamente en una lujosa daga que llevaba al cinto, entró a la tienda de Lorenza un apuesto joven de 26 años más o menos, y pidió con imperio una copa de aguardiente.
A la luz vacilante de un candil se podía notar en las facciones de este joven cierto aire sospechoso y algunos rasgos repulsivos a primera impresión. Tenía la frente chata, los ojos pequeños y vivísimos, la nariz aguileña y una espesa barba cubría la mitad de su cara. Devoraba con la vista a Lorenza, y sin más trámite ni cumplimiento arrastró con el pie un banquillo y se sentó a saborear su aguardiente junto al mostrador de Lorenza.
Preguntó por el dueño de la casa y después de observar con alguna inquietud los ángulos oscuros de la tienda, se arrancó convulsivamente la barba postiza que lo desfiguraba y se dejó reconocer de Lorenza: Era su prometido.
En los anales de aquellos tiempos se puede compulsar el terror pánico que llegó a inspirar en estas comarcas el famoso bandido "Nina Nina" especie de monstruo que perpetraba sus robos con la mayor audacia y la más astuta sangre fría.
Este asesino no pudo ser tomado por la policía, y ni los premios que la autoridad ofrecía por su cabeza, ni las diversas partidas que se organizaron contra él, ni las celadas que se le tendían, tuvieron un resultado favorable.
Casi todas las noches de la real Villa de San Felipe de Austria envolvían entre sus sombras y el terror creciente de la vecindad, una víctima del implacable "Nina Nina". Su solo nombre hacía erizar los cabellos de nuestros abuelos y los obligaba a recogerse a sus casas apenas se disipaban las tenues claridades del crepúsculo.
Las siete y media de la noche serían escasamente el sábado de carnaval que ya citamos, cuando Sebastián Choquiamo se recogía apresuradamente a su casa. Media cuadra antes de llegar a su destino, Choquiamo tropezó con una pareja que le embarazaba el paso. Cedió respetuosamente la vereda, pero un ahogado "mi padre", que salió del grupo, hizo retroceder a Choquiamo. Comprendió en un segundo que su hija fugaba con su pretendiente y entabló con éste una lucha desesperada.
Cinco minutos después, un estridente ¡ay! hizo vibrar los aires y una masa pesada quedó tendida en el suelo, mientras un hombre y una mujer se alejaban presurosos del lugar de aquella escena.
Poco después de lo que llevamos narrado, una joven hermosa, vestida de negro, golpeaba la puerta del hospital apoyando su brazo en un joven que casi desfallecía. Hizo instalar con la enfermera a su protegido en el mejor nicho, encargó que llamaran al señor cura, y desapareció súbitamente y como por encanto después de dar su bendición al agonizante y hablándole al oído cortas palabras.
Carlos Borromeo Mantilla, párroco de Oruro en 1789 recibió la confesión del paciente, quien en esos supremos momentos de agonía y teniendo aún clavada en la garganta su propia daga expuso que él era devoto de una Virgen de Candelaria que existía en un solar abandonado de la ciudad, y a cuya imagen dedicaba todos los sábados una vela; que él era Anselmo Belarmino, alias el "Nina Nina", y que estando próximo a expirar sin confesión en manos de Sebastián Choquiamo, había sido auxiliado por la misma virgen a quien veneraba.
De aquí nació ese culto frenético que desde entonces se profesa a la Virgen del Socavón.
Son las dos versiones que se tienen sobre la devoción que lleva a miles de personas bailar en honor a la Virgen del Socavón, el Sábado de Carnaval, convirtiendo a esta actividad religiosa, en una de las más grandes expresiones de fe y devoción del mundo, y mereciendo el título de Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad, otorgado de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).


Agradecimiento:


A los hermanos Mauricio y Fabrizio Cazorla Murillo por compartir sus documentos valiosos con nosotros.
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DEL DIOS ITWU A TÍO DE LA MINA; LA FESTIVIDAD DEL ITU (YTO) O DEL TIW (TÍO) EN LA TRADICIÓN CALENDÁRICA HISPÁNICA (SIGLO XVI – XVII)

Estela ITWU, Deidad bicéfala procedente de la zona de Itos (metátesis de tiws) (Oruro) trabajada sobre cal hidráulica (Katawi o quluqulu katawi, en lengua aimara), claramente representativa, a partir de la parte superior, del Twuintatila, de los uru, o posterior Tunupa de los aymaras (A. Posnansky, Antropología..., 1937, p. 91), imagen, ésta, encaramada sobre la inferior del waraqu o diablo uru, o del Supay (aimaru-quichua). Al centro, se aprecia la figura del cervato (Tarujja o hurina). Clara es la diferencia de Tunupa, más próxima a caracteres de braquicéfala, leptorrhina y leptoprosopa, que la de los que corresponden a la faz del waraqu uru (parte inferior) con caracteres de mesorrhina y camaeprosopa. (R. Condarco)
Por: Ascanio J. Nava Rodríguez / Este articulo apareció publicado en el periódico La Patria de Oruro el 5 de marzo de 2011

Corresponde compartir este fragmento del documento de postulación al reconocimiento que la Unesco, da al Carnaval de Oruro, como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad, con un alto sentido de lealtad y reconocimiento sentido al Dr. Ramiro J. Condarco Morales, con quien profundizamos este tema, que hoy por hoy, lo exponen algunos interesados con algunos lapsus, que en objetivo nuestro, nos ponen en riesgo sobre la base etnohistórica que ostentamos al justificar que la Diablada, proviene de ritos propios y que el Carnaval se sostiene en profundas bases religiosas y filosóficas, absolutamente originales, en este solar Oruro.

LA FESTIVIDAD DEL ITU (YTO) O DEL TIW (TÍO) EN LA TRADICIÓN CALENDÁRICA HISPÁNICA (SIGLO XVI – XVII)


Estela ITWU, Deidad bicéfala procedente de la zona de Itos (metátesis de tiws) (Oruro) trabajada sobre cal hidráulica (Katawi o quluqulu katawi, en lengua aimara), claramente representativa, a partir de la parte superior, del Twuintatila, de los uru, o posterior Tunupa de los aymaras (A. Posnansky, Antropología..., 1937, p. 91), imagen, ésta, encaramada sobre la inferior del waraqu o diablo uru, o del Supay (aimaru-quichua). Al centro, se aprecia la figura del cervato (Tarujja o hurina). Clara es la diferencia de Tunupa, más próxima a caracteres de braquicéfala, leptorrhina y leptoprosopa, que la de los que corresponden a la faz del waraqu uru (parte inferior) con caracteres de mesorrhina y camaeprosopa (R. Condarco).

La represión inquisitorial impuesta por algunas órdenes religiosas solapadamente anti-lascasianas y antijesuíticas en nuestros territorios hispano americanos, como la de los agustinos, impusieron hacia la segunda mitad del siglo XVI una rigurosa vigilancia sobre las diversas manifestaciones de la cultura espiritual de las poblaciones indígenas del Continente y particularmente sobre nuestro territorio a partir de la doctrina de la llamada extirpación de idolatrías que proscribía por "inmunda" toda aquella de origen ‘indiano’ que pudiera restarles limosnas provenientes del ahorro doméstico de los indígenas sometidos no tanto al trabajo esclavizante de la mina o de la tierra que les era por tradición familiar, sino al ilotismo del espíritu propio de su tradición cultural, por lo que mientras aymaras y quechuas se sometían a la adopción del credo católico con servilismo hipócrita, los urus, salvo rarísimas excepciones como el adolescente tullido que a orillas del Titicaca cantara a la Virgen de Copacabana bellas alusiones nativas, dedicadas a la esposa de Tunupa que sus congéneres urus llamaban Tiwtantitu, la gran generalidad de los urus, reiteramos, huían de las pestilentes túnicas de los agustinos para esconderse en totorales y alejarse en sus navíos de totora como lo confiesan sacerdotes cultos como Joseph de Acosta o Antonio de la Calancha, y allí en la soledad de islas y páramos, celebraban, fieles a sus propias tradiciones y a su justo amor por la naturaleza, el culto legado por sus mayores, como el culto al Tiw, el protector de abrigos rocosos cuevas y socavones, amén de animales de caza como cervatos (tarucas y hurinas), guanacos, aves acuáticas como las parihuanas cuyas valiosas plumas engalanaban sus coronas rituales.
El Tiw era el dios de todo lo creado, y el principal rito que se le ofrecía tenía lugar en el itwu, rincón sacro en que habita el Tiw, donde se le brindaba sumisión, servicio y adoración.
En un principio, tal festividad se practicaba en todas las zonas andinas que habían sido pobladas por los urus, herederos de los huaris (wari) gigantescos, cuya aventajada talla debieron heredar de aquéllos en menor proporción a la de sus legendarios abuelos cuyos restos adoraban hasta en siglos históricos, según los propios cronicones escritos por gentes como Antonio de la Calancha.
El ensillar el diablo a su mayor en jerarquía sobre sus propios hombros, parece ser una rememoración de esa primordial y culta raza extinguida.
De ahí, el nombre de "llama llama" que la posterior lengua aymara consagró irónicamente a la danza de los urus disfrazados de diablos, y a los propios niños que solían imitarlos en momentos de explicable necesidad de expansión lúdica. Actitudes observadas y registradas por L. Bertonio.
Lo importante de todo, para nosotros, consiste en que si bien los urus practicaron el rito del Ytu a lo largo de toda la zona andina, particularmente a lo largo de la centro andina; el centro ritual de adoración desde sus orígenes hasta sus intermitentes horas crepusculares, fue la ciudad de Oruro, y no otro.
Esto es explicable por una razón de innegable índole histórica: Oruro fue la primera ciudad pre-protohistórica antes que Tiwanaku y del que es actual territorio boliviano, y una de las más antiguas del mundo andino. Contemporánea de Nasca y de Wari (Perú).
El ciervo andino o la caza del mismo fue uno de los vínculos que hermanó a los urus del lago meridional andino con las gentes del Chaco, hecho que se constata por las comprobadas relaciones entre los urus históricos conocidos por A. Posnnasky con los tobas de Tarija.
Tales relaciones ocurren, en tiempos históricos, a través de la cuenca del Río Pilcomayo, pues las nacientes de ésta se encuentran en el Oruro sur oriental, a la altura de k’ulta.
El hecho concerniente a relaciones de intercambio pre -protohistórico entre ambas etnias se comprueba a través de la sugestiva relación de parentesco existente entre toponimias de ambos departamentos (Oruro y Tarija), toponimias alusivas a la común presencia de ciervos en ambas zonas, dado que mientras Tarija es la única región cuya toponimia alude al ciervo andino: la Taruga, Oruro, sugiere por su parte, que el nuestro es el único departamento con considerable número de toponimias de la misma índole como por ejemplo las siguientes:
Taruga. Estancia situada en el cantón de Quillacas: Antigua provincia de Paria, Oruro. Posterior Abaroa.
Tarucachi. Carangas. Núcleo escolar. Oruro.
Taruco puaña. Cerro de estaño en el antiguo cantón Poopó de la provincia de Paria, Oruro (Diccionario Geográfico de Oruro de P.A. Blanco de 1904).
Tarucapata, Tarucawatana, Tarucachi. Pertenecieron al Oruro geográfico hasta en épocas hispánicas dado que Arque hasta Capinota eran parte del Jatun Paria.
Hay que hacer notar, además, que no existen dichas toponimias en el departamento de La Paz, pues no las registra el Diccionario Geográfico de La Paz de MI.V. Ballivián y E. Idiaquez de 1890, excepción hecha de un Tarucollo de Pacajes, registrado por el Diccionario toponomástico de Lisandro Condarco Sierra, (p. 291).
Con ser La Paz en gran parte correspondiente a su zona meridional, un territorio altiplánico y fluvio–lacustre similar a Oruro, dichas toponimias no han subsistido allí.
Para comprender este hecho es necesario saber que la taruca vive entre los 3.500 y 4.200 metros sobre el nivel del mar desde la línea del Ecuador hasta el N. De Chile. Transitaba en pequeñas manadas por llanuras y altipampas, no sin acogerse al frío paisaje de nevados en los que acababa por morar bajo el techo de abrigos rocosos, concavidades, antros, grutas o socavones naturales capaces de satisfacer el instinto grupario del rebaño.
El paisaje o los paisajes preferidos por la taruca, el ciervo andino por excelencia, fueron, por ello, el altiplano de Oruro, y las regiones serranas de Tarija.
De ahí el por qué twuas (tobas) y urus hermanaron a lo largo del tiempo, compartiendo en la capital de la antigua confederación tribal de unos y otros (Oruro) sus festividades ancestrales.
Algo similar ocurrió entre los urus de Oruro y los chunchus del Antisuyu extendidos, estos últimos, entre los 14 y 18 grados de latitud sur en las bajas regiones subandinas del imperio incaico, cuyos orgullosos reyezuelos del Cusco, no admitió a éstos (a los Chunchus) como súbditos.
En la misma condición se encontraron la mayor parte de los urus cazadores y pescadores.
Todo esto explica la presencia tobas y chunchus en el tradicional conjunto de las ancestrales festividades de los antiguos urus de Oruro.


CONSTRUCCIÓN CONCEPTUAL


Decir que el Carnaval de Ouro, que ostenta el título de "Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad", se encuentra encarnada en la adoración al dios del bien y del mal: El Tiw, protector de los urus en minas, lagos y ríos. En el caso de Oruro o de Hururu, es el dueño de las grutas, cavernas y abrigos rocosos. Los urus lo recuerdan y adoran con la danza de los diablos cuyo principal personaje es el propio Tiw, dicha concepción que se españolizó en la expresión de tío, derivó en el mito del diablo perfectible, que arrepentido de sus pecados se hizo devoto de la Virgen, por lo que la tradición uru, hoy orureña adoptó la figura del cornúpeto nativo para personificarlo, el que junto a otras figuras se reúnen para desfilar en comparsas por las calles hasta llegar ante la Virgen del Socavón, y expiar sus pecados.

Aunque el proceso creativo cultural intangible se da a lo largo del año, el momento de su expresión más genuina es en ocasión de las fechas variables del Carnaval, una vez por año, comprendida entre los meses de febrero y marzo, sin descontar la versión meridional de Villa Esperanza o Agua de Castilla, para cuya zona (sud), el rito se transfiere una semana después de carnaval, genuina muestra de la vieja tradición originaria subsistente.
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LA VIRGEN DEL SOCAVÓN Y LOS ANCESTROS


La Virgen del Socavon de 1781, OruroBolivia donde la Virgen del Socavon fue elegida como patrona de la ciudad y su culto se expandió en la región

Por: Alicia Cuiza Churqui / Este articulo apareció publicado en el periódico La Patria de Oruro el 5 de marzo de 2011

Unidad de Formación y Comunicación - CEPA
Entrevista a Gilberto Pauwels, OMI

Alicia: Acabamos de festejar la Virgen de Candelaria el 2 de febrero. ¿Por qué otra vez tendremos una Entrada en su honor en ocasión del Carnaval?


Gilberto (CEPA): Eso es una decisión histórica de los habitantes de Oruro, más concretamente de los mineros. Esta decisión colectiva fue tomada después del entierro del Chiru Chiru, todavía en la época colonial. Antes habían dos fiestas: por un lado la fiesta patronal del Barrio Minero dedicada a la Virgen, y por otro lado la fiesta del Carnaval, en la cual el Tío de la Mina tenía un lugar central. La junta vecinal del barrio se reunió y una de las decisiones que tomaron fue de juntar las dos fiestas en una sola, en la del Carnaval. Las razones que se mencionan en el relato de J. V. Zaconeta son: En estos días ocurrió la muerte del Chiru Chiru y el redescubrimiento de la imagen de la Virgen en su morada y, en segundo lugar, era el único tiempo en el año en que los mineros podían gozar de tres días de feriado para una buena fiesta. De hecho, con eso, estaban haciendo algo revolucionario: Estaban unificando una celebración muy católica –una fiesta mariana– con otra, considerada de su adversario, del diablo, del demonio, que había sido identificado como el Supay. Según la visión de la Iglesia en aquel tiempo, hacían algo imposible. 


Alicia: Pero lo hicieron y lo tenemos hasta ahora. Es lo propio de nuestro Carnaval de Oruro. ¿Cómo se explica eso?


Gilberto: Es que la vivencia religiosa del pueblo no es siempre lo que quisiera y piensa la Iglesia institucional. Según la visión de la Iglesia, la Virgen se enfrenta con "los espíritus del mal", mientras que en la visión popular, la Virgen se encuentra con "los nuestros", con nuestros antepasados, con nosotros mismos. Ésa es la verdadera decisión de los vecinos del barrio minero: Basta ya de enfrentarse, déjennos encontrarnos. Permítannos festejar juntos: la Virgen y su Hijo, los Supay, los Incas y todos estos grupos que reflejan algo de nuestro pasado y nuestro ser. Dos siglos después los obispos en el concilio Vaticano II dicen lo mismo: Basta ya de enfrentarse con las religiones nativas, en ellas está presente la semilla del Evangelio. Hay que respetarla y descubrirla. Eso es, creo, un gran mensaje del Carnaval de Oruro. Ha demostrado que lo aparentemente imposible, de hecho ya fue parte y es parte de la vivencia religiosa de los habitantes de las comunidades y ciudades de los Andes.


Alicia: Así que el Tío, la Diablada o los Supay no representan los "espíritus del mal", aunque llevan la vestimenta del diablo de la tradición cristiana, traído desde Europa, igual como la Virgen. ¿A quién o a quiénes representan entonces los diablos que durante el Carnaval visitan a la Virgen del Socavón o que están presentes en los socavones y reciben durante todo el año la atención de los mineros?


Gilberto: Lo que portan los Supay y el Tío son disfraces. En eso tienes razón. Han sido impuestos y encubren una realidad diferente, que no es importada. Existe un Memorial para el rey Felipe II, del año 1588, que es muy claro al respecto. Su autor es el padre Bartolomé Álvarez, que fue párroco de Sabaya y Aullagas (ahora Pampa Aullagas) en aquellos tiempos. Escribe que es falso, que es un error grande decir que Supay es el nombre del diablo. Afirma que el nombre Supay solamente se usa para los muertos que están en las sepulturas. Los Supay son personas que antes han vivido entre ellos, con quienes se comunican y a quienes entregan ofrendas. Podemos decir que el culto a los antepasados que forma parte de la religión ancestral, es comparable con la manera en que los cristianos mantienen viva la memoria de los santos. Quiere decir que el Carnaval de Oruro es el gran encuentro de la Virgen con el pasado, la tradición, la identidad y la vivencia religiosa andina. Fue un gran error, durante el proceso de cristianización, identificar los ancestros como espíritus malos. Los mineros de Oruro abrieron el camino al reencuentro.

Alicia: Los Supay son de aquí. ¿Y la Virgen?


Gilberto: También. Conocemos los relatos orureños sobre la ñusta incaica que se convirtió en la Virgen del Socavón. Escuché, en las comunidades, tradiciones orales que dicen que la Virgen está aquí desde siempre. La imagen de la Virgen de Candelaria probablemente se presentó aquí primero como Virgen de Copacabana, pero se encarnó de nuevo. La vela de cebo de llama, ya dio luz en las minas de Oruro en la época de los Incas. Eso me hace pensar en el primer mandamiento que nos repitieron una y otra vez en la formación como misioneros: "Recuérdense siempre: Antes de que llegue el primer misionero, Dios ya está presente". Evangelizar no es imponer: Es descubrir.


Alicia: En este sentido, el Carnaval de Oruro parece una oportunidad única de acercamiento y de diálogo. Pero, ¿somos realmente tan originales; no pasó algo similar en otras partes?


Gilberto: De hecho la necesidad de un diálogo interreligioso se presenta en todas partes, con mayor fuerza. Es un tema emergente para todas las iglesias, agrupaciones y expresiones religiosas. Pero en relación a la fiesta de la Virgen de Candelaria y el Carnaval, Oruro representa una experiencia única. Es llamativo lo que se vive en Puno (Perú) el 2 de febrero. Merece un estudio comparativo, en algunos aspectos. Tengo conocimiento que en Chile hay por lo menos 12 lugares que tienen a la Virgen de Candelaria como patrona. Y sí, hay un centro minero (de carbón) donde también la celebración de la Candelaria se une a la fiesta de Carnaval. Se llama Lota, cerca de Concepción. Lo más llamativo es la "chaya" (ch’alla), con juegos de agua de los cuales entre otros, los pasajeros del tren son víctimas. Más grande y conocida es la fiesta de la Candelaria del santuario de San Fernando, cerca de Copiapó, también zona minera. La fiesta se celebra el 2 de febrero y tiene como baile típico, el de los chinos. La Virgen Minera del Carnaval de Oruro es única.


Alicia: Lo que implica una responsabilidad muy grande...


Gilberto: Una responsabilidad que sobrepasa el mismo Carnaval como acontecimiento. Si aquí la Virgen provocó un reencuentro con los Supay como "diablos" y como ancestros, nos toca dar seguimiento a lo que alguna vez el pueblo de Oruro puso en marcha.

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EL QUIRQUINCHO MÚSICO

Foto: Quirquincho Orureño.

Cuenta la leyenda que hace mucho, el viejo Quirquincho (armadillo que habita en el Altiplano de Bolivia) nacido en un arenal del Oruro, acostumbraba pasar las horas echado en la grieta de una piedra donde el viento la hacía cantar. Este animalito tenía un gran gusto por la música, tanto que se deleitaba en grande cuando oía cantar a las Ranas en las noches de lluvia. Sus pequeños ojos se ponían húmedos de la emoción y se acercaba hasta el charco donde ellas estaban ofreciendo su gran concierto. En ese momento, el Quirquincho dijo: "Oh, si tan solo pudiera cantar así, sería muy pero muy feliz."
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MISTERIOS Y LEYENDAS DEL 1 DE NOVIEMBRE EN LA VILLA DE SAN FELIPE DE AUSTRIA

Panorámica de la ciudad de Oruro (Foto: Marcelo Chacon)
Se cuenta que en una de las calles céntricas de la ciudad de Oruro había una casa en cuyo patio surgió un monje vestido de negro, al que no se le veía la cara, después de dicha aparición se encontraron joyas y otros objetos de mucho valor, que en la jerga popular se llama “tapado”, que le dio a la familia que halló aquel tesoro una vida acomodada.

Se dice que desde el Socavón bajaba una carroza envuelta en llamas, conducida por una hermosa mujer que iba recogiendo borrachitos a su paso, por lo que tuvieron que poner una cruz de madera, pintada de color verde, a la que los parroquianos se aferraban para evitar hallar la muerte.
Esto le pasó a la amiga de una amiga, una familia contrató a una niñera porque ambos esposos trabajaban, un día llegaron a la casa y la “buena empleada” les esperó con una rica comida, después que se sirvieron el manjar, apreciando mucho la suavidad y sabrosura de la carne, se percataron que su bebé no lloraba, cuando preguntaron por ella, la mujer les confesó “acaban de comérsela, la cociné porque lloraba mucho”, según dicen la madre de la nena enloqueció.
Historias como estas abundan en ciudades tan antiguas como lo es Oruro, fundada el 1 de Noviembre de 1606, por el oidor, Manuel de Castro Castillo y Padilla, quien llegó encomendado por la Real Audiencia de Charcas, y entonces fue nominada como la Muy Leal Villa de San Felipe de Austria, en lo que fue el asiento de minas de la Villa de Oruro.
Casonas viejas, calles, nosocomios y otros lugares están signados por mitos y leyendas que hacen de aquellos sitios algo especial, a los que muchas personas les temen porque se dice que son “pesados”, o sea, que se oyen ruidos extraños o se ven apariciones fantasmagóricas que espantan, pero también son parte de la historia de una comunidad.
Los lugares que más leyendas suelen tener son los hospitales o centros de salud y las minas, que son por lo general donde gente pierde la vida de manera violenta y trágica, pero tampoco se salvan algunas vetustas construcciones en las que también se oyen y ven cosas extrañas.
A partir de esas historias, de duendes, monjes, viudas, u otro tipo de apariciones espectrales es que se construyen las leyendas que no son totalmente ciertas, pero tampoco están alejadas de la realidad.
Precisamente una leyenda es una narración popular que cuenta un hecho que parece real y fabuloso a la vez, a partir de acontecimientos naturales, sobrenaturales o una mezcla de ambos, pues su relato se sitúa entre el mito y un suceso verídico, lo que le da ese halo de misterio y como se ubica en un tiempo y lugar familiares a los integrantes de una comunidad aquello le aporta cierta verosimilitud al relato.
Otra particularidad de la leyenda es que en ella se presentan elementos sobrenaturales, como milagros o la presencia de criaturas de ultratumba o sombríos.


Fuente: La Patria.
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LA TIENDA MISTERIOSA DE “LA RANCHERÍA”

Panorámica donde aparece al lado derecho la Iglesia de San Miguel
Por: Ovidio Cayoja / Periodista de La Patria
Si uno nombra la palabra “Ranchería” de inmediato se le vienen dos ideas a la cabeza, por una parte el lugar preferido para degustar los chorizos acompañados de un fresquito de mocochinchi y también el lugar donde hasta hace poco tiempo se creía que fue fundada la Real Villa de San Felipe de Austria. 
Pocos conocen el lado misterioso de este sector y de las calles aledañas a la plaza, el templo de San Miguel, entre otros. Algunos lugareños recuerdan todavía las historias fantásticas de aparecidos fantasmales que causaban zozobra a los ocasionales transeúntes que caminaban por esta zona en épocas pasadas, quienes pasaditos de copas y armados de valor se aventuraban a transitar solos por las estrechas calles que circundaban este sector.
En tiempos de la Colonia esta zona era habitada por los indígenas, razón por la que se cree que no fue el sitio de la fundación de la villa, era un lugar donde el comercio se hacía una costumbre, pues los campesinos llegaban desde los poblados cercanos con productos agrícolas. 
Considerado un tambo, era el punto de partida para los viajeros que se ausentaban hacia La Paz y Cochabamba, para ello en las casas más alejadas había establos que fletaban burros. 
Incluso, luego de que la plaza 10 de Febrero y Castro y Padilla fueron empedradas, las corridas de toros se trasladaron hasta la Ranchería, lo que pocos conocen es que en cercanías al templo de San Miguel existía un cementerio. Además que, por ser un sitio alejado del centro, en ocasiones se producían riñas con consecuencias fatales, muchos arguyen el motivo de los aparecimientos a estos aspectos.
Es en este sitio donde existen historias de aparecidos y ángeles, duendes con caras de demonios, viudas hermosas que te llevaban a una habitación elegante y al día siguiente aparecías en un cenizal, perros que arrastraban cadenas, almas en pena que se encontraban sentadas cerca del camposanto, los querubines de la fuente de la plaza que bajaban para hacer algunas travesuras. Pero el punto de coincidencia de la mayoría de estos relatos es que las víctimas se encontraban ebrias.
Bajo este contexto, nos adentrarnos en una historia que parecería sacada de una novela dantesca, pero que según los moradores más antiguos de la Ranchería, ocurrió en varias ocasiones. Una tienda misteriosa donde la misma muerte era la encargada de atender a los infortunados compradores, la misma se dice aparecía justo a la media noche y su característica principal era una vela encendida que titilaba al compás del gélido viento de la noche orureña.
En esos tiempos, la iluminación se limitaba solo a la plaza principal y sus alrededores, en las calles adyacentes existían una serie de locales donde los feligreses mataban las penas con unas cuantas copas, las juergas nocturnas no pasaban más allá de la media noche, porque muchos le temían a sucesos extraños que ocurrían algunos días.
Pero nunca faltaban aquellos que abusaban del licor y se olvidaban de cualquier creencia o advertencia, avanzando de forma lenta, tambaleante y en algunos casos dando algunos tumbos, los borrachines se trasladaban hacia sus domicilios, teniendo en ocasiones contadas a la solitaria luna como su compañera.
Pero hubo una vez en que uno de esos borrachines se puso a andar por la calle Soria Galvarro con dirección a la zona Norte de la ciudad, por donde hoy se encuentra el hogar Penny, cuando faltaba media cuadra para llegar a la plaza de la Ranchería, vio una pequeña lucecilla que le hacía competencia a la oscuridad que rodeaba el ambiente. 
–Una tienda abierta, que buena suerte- se dijo a sí mismo y sin pensarlo dos veces se acercó hasta el lugar y vio que sentada en la parte del frente estaba una anciana vestida con una túnica negra que le tapaba el rostro, la vela que iluminaba escasamente el lugar no permitía ver los productos que ofrecía.
El hombre ensimismado en su borrachera con una voz un tanto tosca consultó -¿Señoray me puedes vender unos cigarrillos?- pero no escuchó respuesta alguna de la mujer que ni siquiera reparaba en mirarlo. Elevó el tono de la voz pero nada.
El borrachín comenzaba a inquietarse y de pronto, la anciana comenzó a moverse sin dar palabra se dirigió hasta el fondo de la tienda y volvió con un par de cigarros.
-Deme un fósforo para prenderlo- replicó el ebrio imprudente, la figura fantasmal de la anciana no dijo nada solo volvió hasta el fondo de la tienda y alzó una caja de fósforos para satisfacer los pedidos del hombre.
Un viento gélido sopló apagando el primer cerillo que intentaba encender nuestro personaje, un segundo intento fallido, pero al tercer movimiento, el hombre movido por la curiosidad del accionar de aquella dama intentó alumbrar el rostro de la anciana. Cuando la lumbre llegó hasta la cara de la vendedora, el hombre no supo dar crédito de lo que veía, nada de carne, un esqueleto que caminaba a libre voluntad donde deberían estar la parte de los ojos, ardían dos llamas que reflejaban el destino final del pobre borrachín, los dos cigarros que le ofreció aquel personaje lúgubre estaban convertidos en dedos humanos.
El hombre estaba paralizado de la impresión, quería gritar, pero su aliento se había perdido, estaba frente a frente con la muerte que le ofrecía la cosecha de las almas perdidas reflejadas en restos humanos. La calavera al ver al infortunado tieso como una roca comenzó a emitir una carcajada tenebrosa que se escuchaba como un ronquido a lo lejos.
Un alarido desgarrador se escuchó por toda la plaza, el ebrio al fin había podido reaccionar a la impresión, dando un giro bajó por en medio de la plaza y luego en línea recta por la calle La Paz sin mirar hacia atrás solo corriendo sin rumbo marcado.
A la mañana siguiente se dice que al pobre infeliz lo encontraron de bruces tirado en medio de un establo, su rostro había pagado el precio de enfrentar a la misma muerte, pues una marca tan horrible como desconocida se pronunciaba sobre su cara, algunos dicen que se volvió loco y vivió así por mucho tiempo, otros que, debido a su tétrico encuentro, falleció a los pocos días.
Lo cierto es que esta historia tradicional de este sector se repite con frecuencia entre los vecinos de la Ranchería, con diferentes actores y en diferentes circunstancias, pero los personajes casi nunca cambian, un hombre pasadito de copas y una anciana que está al frente de su tienda acompañada de una vela.
Se dice que en esa época, cuando los ocasionales transeúntes veían una pequeña luz que se titilando por la plaza, inmediatamente optaban por algunas rutas alternas para llegar a sus domicilios y así esquivar a la lúgubre muerte y su qhátu de almas perdidas huesos y restos humanos.

- Basado en relatos orales de los vecinos de la zona de la Ranchería.
- Datos obtenidos del libro “Oruro 400 años en su Historia”, de la carrera de Antropología de la Universidad Técnica de Oruro.



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EL ORUREÑO VICENTE ARRAYA CASTRO, POPULARMENTE CONOCIDO COMO “LA FLECHA ANDINA” FUE UNO DE LOS MEJORES PORTEROS DE LA HISTORIA DEL FUTBOL BOLIVIANO

Por: Marcelo Ramos  / Historiador. / Este artículo fue publicado en el matutino Página Siete el 8 de  abril de 2017. // Fotos 1) Vicent...

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